Berones, los primeros pobladores de La Rioja.

Berones, los primeros pobladores de La Rioja.
Berones: Brujo berón.

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Parece claro que los Berones fueron los primeros pobladores de La Rioja. Historiadores e investigadores clásicos señalan que los iberos fueron los primeros pobladores de la Península Ibérica. Según abundantes testimonios históricos procedían de Africa, pueblo idéntico a la raza que ocupaba en Asia el sur del Cáucaso. Se caracterizaban por su cráneo dolicocéfalo, ojos y pelo negro. Esta misma denominación tuvieron «los tartesios», de civilización más avanzada, que ocuparon el sudeste de la Península, y «los ligures», asentados principalmente en la zona cantábrica.

Dicen antiguas leyendas que un día Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noé, cuando atravesaba el mar Mediterráneo en frágil nave, fue impulsado hacia el interior de la Península por la misteriosa corriente de un río: el Ebro, llegando hasta Varea (Vareia)…

En una tradición que deriva de Flavio  Josefo, sin base necesaria para admitir su realidad, pues difícilmente se puede admitir la posibilidad en aquella época de la construcción de unas naves capaces de atravesar el Mediterráneo de oriente a poniente y, siguiendo aquella «corriente misteriosa», desembarcar en Varea. Tampoco existen testimonios fidedignos de la visita de Noé a la Rioja; fundada la localidad de Tricio (Tritium)..

Berones y vascones, primeros habitantes de La Rioja

Otro día por los vados de este mismo río penetraron unas tribus nómadas de confusos orígenes —los vascones—, que no podrán impedir la atracción de una tierra cuya naturaleza se confundía con significados divinos. Una de aquellas tribus —los berones— decidieron quedarse en aquellos lugares atraídos por el embrujo de la belleza de sus ríos, bosques y montañas.

Altos, fuertes y rubios, habían encontrado su paraíso. Como señalaba en la obra Historia y antiguas leyendas de la Rioja, no existe la menor duda que los primeros habitantes de la Rioja fueron los berones, que formaban parte de las tribus euskaldunas que se asentaron en el norte de la Península Ibérica, como se atestigua de los trabajos de geógrafos, matemáticos griegos y romanos (Estrabón, Mela, Plinio, Ptolomeo, etcétera) y se confirma con valiosos hallazgos arqueológicos, testimonios y resultado de su estructura folklórica y costumbrista que recogía en la obra La Rioja desde sus albores, conclusiones que se vienen confirmando en modernas investigaciones (Tovar, Batandiarán, Juan Bautista Merino Urrutia, etc.).

Situación: los Berones lindaban al norte con los autrigones y várdulos, situados al norte de la sierra de Toloño y Cordillera Cantábrica, y al otro lado con los vascones, que en aquella época contaban entre sus principales poblaciones a Calagorrina (Calahorra) y Gracuris (Alfaro); al sur con los celtas. Las ciudades más importantes de los berones fueron: Tritium Metallum (Nájera), Oliva (Leiva) y Varia (Varea).

«Los ríos unen; las montañas separan». Y así, un día, los celtas que ocupaban las montañas del sur buscaron la riqueza del río Ebro… Una cultura superior y de fuerte espíritu expansionista —la celta— se fusionaba con la raza primitiva. Estos orígenes étnicos no podrán sustraerse en mayor o menor grado a nuevas formas de desarrollo económico y cultural de la movediza evolución histórica.

Este criterio de que los berones constituían una de las tribus vascas que se asentaron en el norte de la Península —sin proceder de los celtas, como han sostenido algunos escritores basados en otras citas de Estrabón, que como antes señalé resultan vagas e imprecisas—, se evidencia en modernos trabajos de investigación.

Louis Charpentier, en la citada obra Le mystére basque (Editions Robert Laffont, año 1975), analiza este mismo tema, llegando a la siguiente conclusión:

«Históriquement, il n’est pas certain qu’ils aient totalement respecté le Pays basque puisque Strabon donnait la tribu Bérone de la Basse-Rioja comme étant celte, et la Rioja était alors basque».

Celtas y Berones

Posteriormente, hacia el año 300 a. de Cristo, los celtas, sedentarios emigrantes y conquistadores, se extenderán por amplios territorios europeos con un arte y cultura más floreciente. Así los berones se mezclarán en raza y costumbres con las nuevas formas más universales de los antiguos celtas. El culto a la naturaleza adquiere otros elementos de acción y reacción. Los berones ceñían su pensamiento en el reducido círculo de su mundo; los celtas, por el contrario, se caracterizaban por su inquietud expansionista. Sus huellas quedarán perennes en los territorios que ocuparon en su vida trashumante.

El habla de los berones, como se evidencia por las citas y notas de geógrafos, historiadores y escritores, fue el vascuence, que fue la lengua primitiva de la región, con los problemas que eruditos nacionales y extranjeros tienen planteados al estudiar el origen de este idioma. Algunos se harán una interrogante: ¿El vascuence, lengua ibera?, y otros se formulan la siguiente: ¿Son de abolengo indoeuropeo o lengua aria? El misterio queda latente y todas las hipótesis son respetables.

Habitaron en las cuevas, en los bosques y preferentemente en las orillas del río Ebro. La caza y pesca fueron las primeras formas de vivir; posteriormente el pastoreo y la agricultura.

Su religión se confundió con los misterios de lo desconocido. Creencias y ritos son un culto a los astros y a las fuerzas de la naturaleza. El hombre es un conjunto de temores e invocación de protección frente a la muerte, que se reflejará en sus ritos mágicos y ceremonias. La magia es una invocación de protección de la propiedad y personas e incluso de los muertos en su caminar hacia una nueva fase de vida.

«Maxime captos edunt et Marti caprum inmolant, praetereaque captivos et equos. Quin et ritu Greco centuria victimárum hecatombas sic exprimo) quotannis instituunt ut et Pindarus ait: Immolate centena omnia… Quidam Galaicos perhibent nihil de diis sentire. Celtiberos autem et qui ad septentrionem eorum sunt vicini, innominatum quendam Deum noctu in plenilunio ante portas cum totis familiis choreas dicendo totamque noc-tem festam agendo veneran…» (Strabonis Reum Geographicarum, libri XVII).

Berones, celtas…castellanos

Será una función sagrada de los berones la veneración de los dioses en las noches de plenilunio. Esta costumbre persistirá en la región no obstante la acusada influencia celta, con sus bailes y danzas como motivos típicos. Los hábitos y costumbres de los berones se fueron modificando con la influencia y fusión celta.

Vestían como los galos y tradicional sayo. La costumbre constituía la norma legal que regulaba las relaciones de convivencia y respeto a la propiedad. En los primeros tiempos en que el hombre luchaba frente a los peligros de una dura naturaleza, la mujer se limitaba al cuidado de los hijos; después tuvo una paridad más similar al hombre ayudándole especialmente en las labores del campo y cuidado del ganado.

Y así queda dibujada la esfinge del riojano, en su fusión de berones y celtas, con un lenguaje que se fue diluyendo con el tiempo —el vascuence— hacia corrientes más universales que surgieron torrencialmente del manantial de unas notas de papel: Glosas Emilianenses, nacidas en un viejo monasterio —San Millán de la Cogolla—, con un mensaje sin fronteras: el castellano. Y allí quedaban, como testimonio de una época, las frases más antiguas en vascuence…

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